
Hay restaurantes que todavía me sorprenden, gratamente, por supuesto.
Hoy ha sido el restaurante Europa. Está ubicado en la calle Espoz y Mina 11 de Pamplona. Teléfono 948 221 800.
Empezando por la disposición del local, el buen gusto de los detalles en la decoración, la amabilidad y naturalidad de su personal y su buena preparación profesional, atentos en todo momento sin molestar nunca.
He de destacar a la jefa de sala, Mª Eugenia Idoate, haciendo un trabajo perfecto desde su puesto, no en balde la Academia Española de Gastronomía y la Cofradía de la Buena Mesa le otorgó, en el año 2001, el nombramiento de mejor directora de sala. Desgraciadamente me he enterado de su fallecimiento acaecido en el año 2013. Ahora ocupa este puesto su hermana Mª Carmen.

Nada que objetar a la preparación de la mesa, cubiertos, platos y mantelerías de primera. Las copas Schott Zwiesel adecuadas, aunque las hubiera preferido de mayor tamaño, por aquello de la buena disposición de las capas aromáticas del vino en el interior de la copa, según el peso molecular de cada elemento volátil. Pero es una cuestión de gustos.
La carta de platos bastante extensa, completa y equilibrada, hay desde caviar beluga a pochas de Navarra. Desde bacalao a rodaballo y de solomillo a pechuga de pichón. De los postres otro tanto de lo mismo. Tiene también dos menús, el menú Eugenia y el menú degustación. Además un menú 1975 para conmemorar los 50 años de historia del Hotel.

Me sirvieron un aceite para degustación de oliva virgen extra “La Maja”, elaborado con las variedades Arbequina, Empeltre y Arróniz, premiado este año 2009 con una medalla de oro en el concurso internacional de Los Ángeles.

Me decanté por el menú degustación. Es el problema de los restaurantes con muchas cosas ricas y que están tan lejos, que no sabes cuando vas a poder volver, así que cuantas más cosas se prueben de una vez mejor. El festival empezó con un aperitivo de pimientos del piquillo asados y acompañados de bacon tostado.

El primer plato fue una ensalada de bogavante exquisita, a la par que abundante. Estos dos calificativos van a ser la nota predominante en casi todos los platos, ya que la calidad y la cantidad ha sido muy alta.

Le siguió un arroz meloso con verduritas y chipirones. A los valencianos nos gusta el arroz y a fuerza de comer acabamos entendiendo algo de ésta gramínea. Pues éste plato estaba muy rico y en su punto, ni blando ni duro ni “al dente” que ese no es un término aplicable al arroz, me lo he comido con mucha satisfacción.

Después una merluza con salsa de maíz tostado, boniato y cigalita crujiente. La merluza estaba muy buena. Tierna, jugosa, delicada y muy fina.

Siguiendo al pescado una buena ración de cordero asado a baja temperatura, acompañado de su lechezuela o molleja de cordero, y una ensalada de escarola. En este punto ya me costaba comer con la alegría del principio, no por que no estuviese tan bueno como los platos anteriores, sino por que las cantidades de esté menú son muy grandes. Sería preferible menos cantidad y más surtido de platos. Eso según mi gusto personal. Y eso que en más de una ocasión he demostrado que tengo buen saque, pero debo reconocer que no hay quien pueda con estos navarros comiendo.

Los postres espectaculares, como todo lo anterior, el primero una macedonia de frutas tropicales, con helado de lichi y un algodón de aceite de la variedad empeltre y en su jugo almendra amarga. Fantástico postre, refrescante y complejo en sabores y texturas.

El siguiente fue un helado de naranja acompañado de dos buñuelos redondos rellenos de chocolate. Otros dos contrastes que se complementan por ser tan diferentes. Fantástico.

Aquí no había acabado todo, al servirme el café me trajeron esas pequeñas miniaturas de la artesanía repostera, que según los franceses se denominan “petit fours”. En esta ocasión había un canutillo relleno de espuma de cuajada y dos piezas de diferentes chocolates a cual más bueno de los dos.

Como elegí el menú degustación había que resolver cual era la armonía más adecuada con el vino. Al llevar un solo plato de carne me sugirieron elegir un blanco y servirme una copa de tinto con el plato de carne. Yo encantado.
Muy acertadamente me propusieron un blanco fresco, ácido y afrutado que acompañó muy bien a la comida, incluso a la fruta. Orchídea 2008, elaborado con Viura en un 65% y Chardonnay en el 35% restante. Sobre lías reza la etiqueta. De la Bodega Inurrieta, situada en el km 30 de la carretera entre Falces y Miranda de Arga, dentro de la DO Navarra. He comprado tres botellas en Pamplona para llevarlas a casa y disfrutarlo con más calma. ¿Hace falta que diga más?

La copa que me ofrecieron para tomar con el cordero fue un tinto de la misma Bodega Inurrieta, el “Cuatrocientos”, crianza 2006, elaborado con Cabernet Sauvignon y Merlot. Exquisito.
En conclusión una comida pantagruélica, pero de un gran nivel. Una cocina de altísima calidad a cargo de Pilar Idoate, hermana de Mª Eugenia. Un equipo que funciona de maravilla y que te hace sentir muy a gusto.
Me encantaría poder volver.