
Es este un local pintoresco en el que se come muy bien. Ellos se definen como una taberna con alma de gran restaurante, pero creo que es algo más, se nota que hay una responsabilidad evidente por hacer las cosas bien, empezando por la materia prima de calidad y proximidad, también se percibe una gran inquietud por una mejora continua y un compromiso con el entorno. La carta es de producto eminentemente marinero y con un amplio apartado de arroces, he contado quince. Todos muy apetitosos.

Nos ofrecieron este aceite de oliva virgen extra ecológico. Proveniente de aceitunas arbequinas seleccionadas de fincas de secano recuperadas de las montañas del Camp de Tarragona mediante técnicas de agricultura regenerativa. Un aceite intenso, amargo y picante de categoría premium. Extraordinario

De aperitivo nos sirvieron esta crema de berros con una mousse de anguila ahumada. Estaba tan buena que cuando me dí cuenta ya me la había tomado casi toda sin hacer la foto.

Sin ningún género de dudas puedo decir que este sencillo plato fue uno de los mejores que tomé en mis días en Tarragona. Chipirones encebollados con alubias blancas, ajo y perejil. Estaban riquísimos.

Morro de bacalao con ciruelas, orejones, piñones, cebollitas, longaniza y jugo de asado de ave
Arroz a la “masqueta” con azafrán, alcachofas y almejas
Semifrío de queso fresco, chocolate blanco, pomelo y sorbete de limón