| Preparación |
Los trabajos arrancan con la vendimia de la Viura, que se somete a un estricto examen tanto a pie de campo como en la mesa de selección de la bodega. Tras el estrujado, la pasta se introduce en la prensa protegida por una atmósfera inerte. Allí, a salvo del oxígeno, reposa sin fermentar durante 24 horas en una fría maceración que extrae los aromas más elegantes de la piel. Una vez prensada, el mosto se traslada a depósitos de acero inoxidable para su desfangado por frío. Es tras este proceso, al pasar el mosto completamente limpio a un nuevo depósito, cuando ocurre la magia: se le añade la Garnacha tinta en racimos enteros y sin despalillar. La fermentación de ambas variedades juntas arranca de forma espontánea gracias a la acción de las levaduras indígenas, prolongándose durante 10 días a una temperatura controlada de 15 grados. Finalmente, se realiza el sangrado del vino yema, que pasa directamente a las barricas de roble americano y francés para realizar su paciente crianza de 20 meses. Un proceso complejo y medido que limita la producción a tan solo 6.600 botellas. |
| Otros datos |
Un viñedo viejo y un homenaje a la historia. Detrás de este vino se encuentra el empeño personal de Miguel Ángel Rodríguez, quien fundó Bodegas Vinícola Real en el año 1992. La bodega nació con el firme propósito de elaborar vinos de una personalidad muy marcada, alejándose de las producciones masivas. El noble nombre de la gama rinde homenaje al cercano e histórico Monasterio de San Martín de Albelda, donde en el siglo X unos 200 monjes ilustradores dieron vida al famoso Códice Vigilano. Las uvas para alumbrar este rosado tan particular proceden de un pequeño tesoro: dos minúsculas parcelas situadas en el término de La Rad, en Albelda de Iregua (Rioja Alta). Suman apenas 1,1 hectáreas de superficie total. Lo realmente fascinante es que se trata de vides plantadas en vaso que superan los 80 años de edad. Su marco de plantación tradicional y el terreno limitan la producción a un rendimiento bajísimo, de menos de un kilo de uva por cepa. Esto garantiza una concentración natural difícil de replicar en viñedos modernos. |