Un Rioja de guarda que desafía los tópicos del rosado con veinte meses de barrica y una estructura capaz de conquistar las grandes mesas.

Hay encuentros en los restaurantes que se graban a fuego en la memoria, y no solo por lo que hay en el plato. El otro día, dejándome llevar por el impecable criterio de Pedro Garrido en la sala de La Oficina de Carito y Germán, en pleno Ensanche de València, nos propusieron un desafío líquido. En una mesa donde el lenguaje del fuego y los pescados madurados mandan con precisión, un rosado parecía una apuesta arriesgada. Pero claro, cuando te plantan enfrente una botella de 200 Monges Rosado Reserva 2017, las reglas del juego cambian por completo. No estamos ante el típico rosado del año, ligero y con aroma a chuches, sino ante una joya de guarda de Bodegas Vinícola Real que rompe esquemas. Un vino con hechuras de gran blanco y la estructura de un tinto sutil, criado pacientemente en la Rioja Alta, que plantó cara a los platos con una solvencia pasmosa. Si piensas que los rosados son solo para el verano o los aperitivos sin pretensiones, quédate a leer, porque este te va a romper los esquemas.

El 200 Monges Rosado Reserva 2017 es un vino con mucha personalidad que trastoca la categoría de los vinos rosados en España. Destaca principalmente por su imponente estructura y una acidez natural que le augura una vida larguísima en botella. Es sedoso, redondo y untuoso en boca, exhibiendo una complejidad aromática que evoluciona constantemente en la copa. No es un vino de trago largo y sed impulsiva; es un vino de mesa, ideal para acompañar platos complejos, pescados grasos a la brasa o incluso carnes blancas, aunque también fue bien con la chuleta de carne roja que venía con el menú. Una apuesta líquida seria, profunda y sumamente disfrutable para quienes buscan algo más en una copa de vino.

Está elaborado con un 70% de Viura y un 30% de Garnacha (ver contraetiqueta), lo que en principio te hace sospechar que se trata de un clarete y no de un rosado, según la caracterización oficial de estos tipos de vinos. Pero el truco está en que se ha realizado la fermentación de ambas uvas conjuntamente, no se han mezclado los vinos después de la fermentación si no que las uvas han fermentado juntas.
Con este se completa la trilogía de 200 Monges Reserva en Ojo al plato. El tinto Reserva 2013 y el blanco Reserva 2011.
No te pierdas ninguno de los tres