Sabores tradicionales de la cocina hindú que conquistan el paladar a través del sabio manejo del horno tandoor, salsas con sustancia y un abanico aromático impecable

A veces apetece salirse de la ruta habitual del mediterráneo y el producto de lonja local para lanzarse de cabeza a los aromas de la cocina asiática bien entendida. De sumergirse en una cocina con raíces exóticas, donde los guisos susurran paciencia y los hornos tradicionales hacen su magia. Con ganas de compartir y profundizar en un recetario que domina las salsas y las mezclas de especias. Es como jugar a la ruleta cuando encuentras platos nuevos de los que no tienes ni idea de cómo serán pero te puede la curiosidad y los pides para conocer algo más de esa amplia y versátil cocina. El destino elegido fue Mehfil, un rincón que ha sabido ganarse el respeto del aficionado al restaurante hindú en Valencia gracias a una propuesta sabrosa, honesta y sin folclorismos.
La propuesta en su carta es un recorrido bien estructurado por los clásicos norteños y los toques picantes del sur de la península indostánica. Es directa, variada y huye de barroquismos innecesarios.

Esto es como un ritual, lo primero que pedimos siempre. Arrancamos con el clásico papadum (1,50€), esa torta crujiente y frita de harina de lentejas que se rompe con las manos y sirve de lienzo para alternar los sabores de las salsas que lo acompañan habitualmente.

Estas fueron las tres salsas que acompañaban al papadum, para alternar entre el dulzor frutal del chutney de mango, la frescura ácida y herbal del yogur a la menta y el punto alegre de la cebolla marinada y algo picante. Un comienzo dinámico que estimula el paladar y abre el apetito.

Imprescindible también un impecable arroz basmati blanco (3,50€) que actúe como el perfecto hilo conductor para las salsas, suelto y aromático.

Los diferentes panes que hay en la carta son todo un despliegue de imaginación, he contado once diferentes. Nosotros elegimos este notable garlic naan (4,25€), donde el ajo y el cilantro fresco aportan ese contrapunto fragante indispensable para rebañar salsas.

El otro, que siempre pedimos, fue el cheese naan (4,50€), tierno, con el queso fundido e integrado en el interior de la masa de trigo.

El primer plato que salió fue el tarka dal (9,99€). Esas lentejas amarillas guisadas con un sofrito final (tarka) donde la mantequilla, el ajo dorado, los tomates frescos y el jengibre jugaban a dar profundidad a un plato humilde pero reconfortante. Textura sedosa y sabor de hogar. Como es habitual en estos restaurantes, los otros platos salieron todos juntos.

Procuramos mantener cierto orden en la consumición de las distintas elaboraciones que había en la mesa y comenzamos por los langostinos al curry (13,99€) que se presentaron en una salsa clásica de tomate y cebolla bien reducida, amable (sin picante) para todos los públicos.

La contrapartida la aportó el plato de langostinos de madras (14,50€), con esa salsa punzante y viva del sur de la India donde el coco suaviza de entrada pero el picante de las especias despierta las papilas en el retrogusto aunque sin llegar a agredir.

El pollo balti (11,99€) destacó por su equilibrio y frescura, servido en un recipiente que concentra los jugos de la cebolla, el tomate y los pimientos, enriquecido con la textura de los garbanzos y el aroma final del cilantro fresco.

El lamb shashlik (14,99€) es un plato que debes probar. El cordero, previamente marinado, sale del horno tandoor y llega a la mesa humeante todavía y con los bordes sutilmente tostados, jugoso por dentro y acompañado de pimientos y cebollas asadas bajo una salsa especial de tomate que ensalza la potencia de la carne sin enmascararla.

Para el final dulce, una ligera y agradable crema de mango (4,50€), un postre casero que recoge la esencia de la fruta madura sin excesos de azúcar, ideal para refrescar tras el festival especiado.

La bodega no es el fuerte del restaurante pero se puede encontrar alguna referencia que encaje bien con la comida. La Duda 2025 (22€), un blanco de uva Godello amparado bajo el sello de Vinos del Paseante. Su acidez cítrica, su frutosidad contenida y una buena estructura en boca funcionaron de manera satisfactoria para integrar la complejidad de los curris y los toques picantes de la comida.

Si te gusta este tipo de cocina ahora tienes la oportunidad de satisfacer su capricho. Ya que encontrar un equipo que maneja los puntos de asado del tandoor, los curris y todas las demás salsas con esta solvencia es un motivo de alegría. La experiencia global convence porque prioriza el sabor real por encima del envoltorio.