| Preparación |
La vendimia se realiza de forma estrictamente manual, seleccionando los racimos en el campo y transportándose en cajas pequeñas de apenas 18 kilos para que el fruto llegue entero y sin sufrir aplastamientos a la bodega. Una vez en las instalaciones, el racimo se despalilla con total delicadeza. La clave del perfil aromático arranca con una ligera maceración pelicular que se prolonga durante una noche, un contacto justo con los hollejos que extrae la esencia sápida de la Godello sin aportar amargores rústicos. Tras un suave desfangado estático para limpiar el mosto, se inicia la fermentación, que es totalmente espontánea, confiando el proceso a las levaduras naturales del propio viñedo. El vino realiza también la fermentación maloláctica, lo que le aporta un volumen sensacional en boca. Para la crianza, Verónica Ortega huye de la madera nueva invasiva. El vino reposa mayoritariamente durante unos 11 a 15 meses en una cuidada selección de barricas de roble francés usadas de gran formato (de 225, 500, 600 y hasta 1.000 litros), buscando la microoxigenación del vino pero sin camuflar la fruta. Un pequeño porcentaje (cercano al 15-20%) realiza este descanso en depósitos de acero inoxidable, buscando conservar esa pureza frutal y floral intacta que luego se ensambla meticulosamente antes del embotellado. |
| Otros datos |
Detrás de este proyecto no vas a encontrar un gran grupo empresarial de corbata y talonario, sino a una de las figuras más estimulantes e inquietas del panorama enológico actual: Verónica Ortega. Esta enóloga gaditana de nacimiento pero berciana por derecho propio, fundó su bodega en la localidad de Valtuille de Abajo en el año 2012, tras haberse pateado los viñedos más sagrados del planeta. No es una exageración, se formó trabajando codo con codo en templos del calibre de la Romanée-Conti y el Domaine du Comte Armand en Borgoña, vendimió junto a Álvaro Palacios y Daphne Glorian en el Priorat, y ejerció su oficio con Laurent Combier en el Ródano, además de colaborar en el Bierzo con el mismísimo Raúl Pérez. Con semejante hoja de servicios, lo raro sería que sus vinos no tuvieran algo especial.
Las uvas que dan vida a este vino proceden de un majuelo muy concreto, una parcela de Godello de grano pequeño plantada en espaldera hace 39 años en la pedanía de Pieros. El viñedo se asienta a una altitud considerable, unos 500 metros sobre el nivel del mar, en una loma elevada que domina el valle. Aquí el suelo no es de arcilla pesada ni de pizarra pura, sino marcadamente arenoso. Este tipo de terreno obliga a las raíces de las cepas a buscarse la vida en profundidad y aporta al vino una ligereza, un nervio y una electricidad salina que se alejan por completo del perfil más pesado o dulzón de otros blancos de la zona. El cultivo se gestiona bajo los estrictos parámetros de la viticultura ecológica, respetando los ciclos de la viña sin forzar la máquina. |