Verónica Ortega rompe esquemas en Valtuille con La Llorona, un blanco vibrante de viña vieja que despliega toda su tensión mineral

Frente a la inmensidad de la Ría de Corcubión y con la arena de la Playa de Langosteira bajo la mirada, el cuerpo te pide un trago que esté a la altura de la cocina marinera indómita que se gasta la casa A Fonte do Raposo. Olvídate de los típicos blancos planos que plagan las cartas turísticas, aquí el mar reclama un compañero con garra, con relieve y con esa salinidad que te hace salivar antes de que llegue el marisco.
Fue en ese preciso rincón atlántico donde disfrutamos La Llorona, un monovarietal de Godello que te cambia los esquemas desde el primer sorbo. Llega amparado por la D.O. Bierzo, una tierra asociada históricamente a los tintos de mencía pero que esconde tesoros blancos de una finura sobrecogedora cuando caen en las manos adecuadas. En un entorno tan salvaje y noble como Fisterra, este vino ejerce de catalizador perfecto. Un blanco con carácter de montaña pero con un alma atlántica que se alía de forma natural con el paisaje costero, invitando a desentrañar cada capa de su perfil mineral.

La Llorona es un blanco de categoría internacional que demuestra el inmenso potencial de la Godello cuando se trabaja con sensibilidad y sin prisa. Verónica Ortega consigue firmar un vino que enamora por sus asombrosas cualidades, tiene la complejidad, el volumen y la estructura de un gran vino de guarda, pero se bebe con la agilidad, la vivacidad y el dinamismo de un blanco sediento de verano. Es eléctrico, fino y con una definición soberbia, donde la madera es un actor secundario que solo aporta complejidad sin restar un ápice de pureza frutal. Sentarse a disfrutarlo en una terraza junto al Atlántico es una experiencia obligatoria para cualquier enófilo que se precie.