
Encontrar un lugar donde comer bien en Alcossebre, eludiendo las típicas propuestas masificadas de la costa, no siempre es tarea sencilla. Sin embargo, en mi última escapada anónima, en temporada media o casi baja, por la provincia de Castellón, decidí probar el Restaurante Gaudir (Alcossebre), un espacio que lleva tiempo postulándose como uno de los secretos mejor guardados de la cocina mediterránea de autor en esta zona. Atraído por las excelentes opiniones que circulan entre los entusiastas del producto local y la técnica sistematizada, reservé mesa a mediodía para analizar si su propuesta gastronómica justifica su reputación y, sobre todo, para desglosarte al detalle la relación calidad-precio de su carta y sus menús. Ya te anticipo que vale la pena venir.
Gaudir, disfrutar en valenciano, define a la perfección el apasionado interés del jefe de cocina Marc Martorell por hacer gozar al comensal con una propuesta que huye de los cánones establecidos, de los disfraces y del concepto muchas veces equivocado de lo que debe ser la vanguardia en los fogones. Pasó por las cocinas de restaurantes de renombre como Azurmendi, BonAmb o l’Antic Molí de Tarragona antes de instalarse en Alcossebre, donde fue poco a poco definiendo un estilo y una oferta que agrada a los buscadores de la mejor cocina moderna sin florituras, de sabores limpios.
El alter ego de Marc Martorell en Gaudir Restaurant es Daniel Silva, su compañero de equipo y socio venido de Portugal que ejerce las funciones de jefe de sala y que ha conseguido concebir una de las cartas de vinos más completas del lugar, en la que se observan más de 150 referencias, francamente muy bien seleccionadas.
El espacio, dotado de un aforo limitado a unas diez mesas, destaca por su luz natural matizada, una buena acústica que invita a la conversación reposada y una separación entre mesas generosa. El servicio se desenvuelve de una forma discreta y profesional, ganándose la consideración de los clientes por su trato cercano y sin la impostada rigidez de la vieja escuela.

Lo del producto local se lleva hasta sus últimas consecuencias, cuando se puede, como es el caso de los aceites para degustación que están producidos en la vecina localidad de Alcalá de Xivert. Llevando en su etiqueta incluso el anagrama del restaurante. Monovarietales elaborados con Canetera, el de la izquierda, y Picual el de la derecha. Aceites de Castelló de aromas suaves y sorprendentes. Nos gustaron mucho.

Nos obsequiaron con este aperitivo de Wonton frito de garbanzos con hummus de mejillón: Un arranque divertido. El wonton frito, crujiente, seco, sin rastro de grasa sobrante, sirve de soporte perfecto para un hummus donde el mejillón aporta ese toque yodado y marino que te espabila el paladar de golpe.

Lo primero que habíamos pedido fueron estas Anchoas "López" con mantequilla ahumada y pan brioche: Una combinación que es un valor seguro, pero aquí ejecutada con mimo. La anchoa, de buena costera, carnosa y limpia, se cubre con una mantequilla rallada donde el toque de humo envuelve la grasa, todo bien asentado sobre un brioche tierno que pide otra ronda a gritos.

Un plato sorprendente es la Croquellana de jamón y alcachofa: Son croquetas con forma de media luna típicas de Morella. Rompes la fina capa exterior y te encuentras con una bechamel sedosa, casi líquida, donde el fondo potente del jamón se topa con el toque sutilmente amargo de la alcachofa de la tierra. Un equilibrio magnífico. El detalle del polvo de jamón no es baladí.

Repetimos ingrediente pero no elaboración. Alcachofas, parmentier de setas, yema de huevo y trufa: Un plato de corte más otoñal pero que funciona de cine. La parmentier en la base aporta untuosidad, las alcachofas el punto firme y la yema de huevo, al romperla, amalgama todo el conjunto con el perfume de la trufa. Goloso y reconfortante. Una pasada.

Uno de los principales fue este Bacalao confitado, patatas al mortero, all-i-oli de miel y espinaca frita: El bacalao en su punto exacto de cocción, separándose en lascas jugosas con solo mirarlo. La patata al mortero le da la base tradicional necesaria y el all-i-oli de miel pone un contrapunto dulce que arriesga, pero gana al no resultar empalagoso.

Raya confitada, beurre blanc, teriyaki de setas y jamón: El otro plato gordo de la comida. La raya es un pescado difícil, de textura peculiar que no a todo el mundo convence, pero aquí la bordan. La beurre blanc de corte clásico aporta la acidez justa, combinada de maravilla con el fondo umami y profundo que le dan el teriyaki y el jamón. Gran nivel técnico.

El postre se componía de tres texturas de chocolate (cremoso, brownie y en polvo), helado de mandarina y jengibre y rodeado de puntos de crema catalana: Un postre complejo pero bien resuelto. Los diferentes juegos del chocolate (texturas y porcentajes de cacao) encuentran el desahogo necesario en la frescura cítrica de la mandarina y el puntazo picante del jengibre. Los toques de crema catalana rematan el arraigo dulce de la propuesta. Complejo y equilibrado.

Nos propusieron este vino y nos pareció una excelente elección. El Grifo, Malvasía Volcánica Colección Seco 2025 (DO Lanzarote) por 30€. Un vino de rigurosa tipicidad canaria elaborado por El Grifo en San Bartolomé. Presenta un color amarillo pajizo con destellos verdosos. En nariz es puro paisaje isleño: notas minerales de piedra volcánica, ceniza, destellos de azahar y frutas de hueso. En boca entra afilado, con una acidez vertical y un postgusto marcadamente salino que limpia la grasa del brioche y los fondos de las salsas de manera ejemplar. Una delicia que mejoró más aún la experiencia.

Una comida como esta pedía un fin de fiesta adecuado. Pedimos una grapa fría y como estaba a temperatura ambiente nos improvisaron esta mini cubitera que funcionó perfectamente. Un destilado de artesanía pura elaborado por Nonino. Esta versión Invecchiata despliega en copa un color ámbar profundo debido a su lustro de crianza en botas de Jerez. Nariz compleja con notas de pasas, frutos secos, vainilla y un fondo sutilmente especiado. En boca es untuoso, cálido pero sin quemar, con el alcohol perfectamente integrado y un final larguísimo que recuerda a la repostería fina. Exquisita.

Al final nos quisieron agasajar con una copa de vino dulce de Mistela Tinta Roure Mas de Rander (IGP Castelló). Un gran detalle de la casa para cerrar el menú. Elaborada por la bodega castellonense Mas de Rander en Benlloch, esta mistela tinta destaca por su originalidad aromática. Visualmente muestra un tono cereza picota negra madura. Desprende aromas intensos a fruta pasa, cacao en polvo e hinojo silvestre. En boca se presenta dulce pero equilibrada, nada empalagosa gracias a un final ligeramente amargo y terroso muy sugerente. Muchas gracias.

El veredicto de la cuenta: Transparencia y honestidad en la costa. Comer en el Restaurante Gaudir (Alcossebre) nos dejó un ticket final de 128,80 € para dos comensales (64,40 € por persona). Una cifra extraordinariamente competitiva si tenemos en cuenta el despliegue técnico del menú (con la raya confitada a 24 € o el bacalao a 22 €).
Pero la gran sorpresa del ticket llega en el apartado líquido: esos 30,00 € bajo el nombre de "Grifo" corresponden al soberbio Malvasía Volcánica. Encontrar un vino de viticultura heroica canaria, con su característica salinidad mineral y acidez eléctrica, a ese precio de tarifa en un restaurante de costa es un auténtico regalo que demuestra la sensibilidad de la sala por la buena bodega sin aplicar márgenes abusivos. Cada euro invertido aquí está más que justificado.
Como bien sabéis los que me seguís desde hace años, en este blog no dependemos de invitaciones ni de agencias de comunicación, pagamos todo lo que pedimos . Aquí venimos, como siempre, de forma anónima y pagando, manteniendo intacta nuestra independencia para contar las cosas tal y como ocurren en la mesa.
Ahora os toca a vosotros. ¿Habéis visitado ya este rincón de Alcossebre o seguís prefiriendo los menús fotocopiados de primera línea de playa? Dejad vuestro comentario aquí abajo y abramos el debate gastronómico sin censuras ni filtros
Un abrazo