Nerea y Raúl Pérez firman un blanco gastronómico de viñas viejas y crianza en ánfora, dentro de la Colección La Vizcaína, un soplo de aire fresco descubierto en las mesas del Restaurante El Terrat (Tarragona)

Cuando nos sentamos a la mesa de El Terrat en Tarragona, sabíamos de antemano que el chef Moha Quach iba a romper esquemas cruzando las dos orillas del Mediterráneo. Pero lo que no imaginábamos es que el otro puente hacia el Atlántico nos lo tendería un vino blanco. Hablamos de una botella nacida del ingenio de Nerea Pérez y Raúl Pérez, una alianza familiar que ha decidido sacudir el polvo a los tópicos del minifundio berciano. Este vino pertenece a La Vizcaína, una colección muy especial concebida para embotellar el paisaje que rodea a Valtuille de Abajo, la cuna del propio viticultor. La del Vivo 2023 se desmarca por completo de la ligereza previsible para adentrarse en un terreno donde la viña vieja y el barro mandan. Un sorbo que no busca agradar a todo el mundo a la primera, sino que exige atención, cambia con el aire y desafía el paso de los platos más complejos de la comida. En una época saturada de blancos clónicos y perfiles tecnológicos de manual, encontrarse con una apuesta tan radical y libre resulta un ejercicio verdaderamente estimulante para el paladar.

Nos encontramos ante un blanco de enorme personalidad, alejado por completo del perfil frutal empalagoso. El ensamblaje despliega una tensión fantástica gracias a esa veta eléctrica que aporta la uva Doña Blanca y a la sabiduría concentrada de sus cepas de más de medio siglo. La influencia de la crianza en tinaja con pieles aporta una textura masticable en boca, un sutil amargor final muy elegante y una complejidad terrosa que limpia perfectamente las grasas y prolonga el trago. Un vino serio, gastronómico y con capacidad de guarda.
