
El pasado 3 de junio de 2026 tuve la oportunidad de visitar Le Bistrot Gastronómico, un rincón en Castellón de la Plana, al mando de la cocina está Silvia Vives que apuesta fuerte por una cocina de fusión con un marcado acento japonés, sin perder de vista el producto local.
El espacio físico de Le Bistró Gastronómico acompaña a la perfección su propuesta culinaria. El local es acogedor, cálido y está lleno de personalidad. Consigue un equilibrio fantástico entre la taberna japonesa tradicional y el bistró europeo moderno. Un entorno con mucha atmósfera, perfecto tanto para una cena íntima como para disfrutar de la gastronomía en solitario.

El servicio en sala estuvo comandado por Sergio Ortega, quien ejerce una labor de asesoramiento impecable. Su amabilidad y su colaboración absoluta al permitirnos grabar las explicaciones de los pases hicieron que esta crónica de Ojo al plato sea lo más fiel posible a la experiencia real. Profesionales así hacen grande la sala. Explica cada plato con pasión y guía al comensal sobre el orden y la forma correcta de consumir los pases para maximizar la experiencia sensorial. Aunque el ritmo del servicio sufrió un bache notable en cuanto se llenó la sala, la cocina reaccionó con agilidad tras hacérselo saber, recuperando la fluidez en los platos principales. Me dijeron que la causa fue que algunos clientes habían adelantado su hora de la reserva sin avisar.

Para acompañar un menú de perfiles tan exóticos, cítricos y grasos, con el asesoramiento inestimable del personal, opté por una burbuja de calidad, el cava Brut 21 (Albet i Noya), elaborado con las variedades Parellada y Chardonnay. Aromas elegantes, con carácter, lías finas, membrillo y mermeladas dulces. En boca es potente, voluminoso, sabroso, afrutado, fresco, con buena acidez y burbuja fina. Una elección que resultó muy adecuada por su frescura y acidez, ideal para limpiar el paladar entre bocado y bocado, manteniendo el tipo frente a la intensidad de los condimentos orientales. Un consejo muy acertado por parte de Silvia y Sergio.

Palomitas con shichimi tōgarashi y lima. Una bienvenida original. El toque de las seis especias japonesas aporta complejidad, aunque el protagonismo absoluto se lo lleva la frescura punzante de la lima. Un snack imaginativo para ir abriendo boca.

Una secuencia de cinco aperitivos donde la técnica y la tradición mediterránea se dan la mano con Asia. Abajo a la izquierda hay una Gyoza de verdura, que estaba exquisita. Venía aderezada por encima con mayonesa japonesa y un sésamo de wasabi muy sutil que apenas pica. Son muy de agradecer las indicaciones de Sergio: Primero morder la esquina para liberar el vapor e introducir mojando la gyoza la salsa ácida del fondo del cuenco en su interior. Un bocado con un punto avinagradito magnífico.
Arriba a la izquierda presentan en la base un Hummus de edamame coronada con una gamba listada a la plancha sazonada con las mismas especias japonesas de las palomitas, shichimi tōgarashi, y salsa barbacoa japonesa. El truco de exprimir los jugos de la cabeza de la gamba sobre el hummus eleva la potencia marina del plato a otro nivel. No obstante, después, la cabeza se puede chupar para exprimirla aún más, te lo recomiendo.
Arriba a la derecha, viene la Ensaladilla César ahumada. Una original vuelta de tuerca a la ensaladilla de patata "ahumada". Se presenta como un homenaje a la ensalada César, enriquecida con una anchoa, una lámina de tataki de ventresca de atún rojo y el toque crujiente de la rosquilleta de la marca Aima de Castellón. Se acompaña de un cuenco con vermut y una aceituna esferificada. La recomendación es ir alternando el vermut con la ensaladilla y dejar la aceituna para el final, al más puro estilo piscolabis.
Abajo en el centro había una Tosta crujiente de anchoa doble cero. El último aperitivo de la serie. Una anchoa soberbia del Grao de Castellón colocada sobre un excelso paté de alcachofa y trufa, huevo duro y huevas de lumpo. Tras este bocado, llega el momento de la aceituna esferificada: una elaboración sublime y frágil que estalla en el paladar inundando la boca de auténtico sabor de aceituna.
En conclusión un festín de aperitivos.
Detalle de sala a destacar: Tras el festival de la gamba y las inevitables salpicaduras en el mantel al escurrir la cabeza, por mi torpeza, el servicio estuvo atento y trajo una servilleta para cubrir las manchas de inmediato para evitar que me manchase las mangas de la camisa. Un gran gesto de profesionalidad.

El primero de los platos "mayores" fue esta ensalada de verano con pulpo y panceta. Un plato de legumbres (garbanzos) apto para todo el año. Se estructura en base a dos mantequillas muy aromáticas (una de pimentón de La Vera y otra de ajo negro), acompañadas de pulpo salteado con panceta de cerdo ibérico y el remate cítrico de una salsa ponzu. El secreto aquí es mezclarlo todo para que el fondo de las legumbres ligue con la grasa del ibérico y el toque marino del pulpo. Me encantó, soy muy amante de las legumbres y con estos acompañamientos que más se puede pedir.

Pan bao de pollo al ast peruano. Una masa esponjosa rellena de un jugoso pollo especiado al estilo peruano, un poco de salsa sweet chili y hojas frescas de menta y cilantro. Un bocado muy pringoso (el camarero avisa acertadamente de abrir la toallita húmeda de la que me habían provisto de antemano) y lleno de contrastes herbales. Fantástico. Dan tentaciones de buscar la receta e intentar prepararla en casa con mucha modestia.

El Bento de Le Bistrot. Servido con la tradicional estructura por fases japonesa. En el centro, una ensalada ácida y fresca de vieira japónica (que está en plena temporada alta), manzana Granny Smith en dados, tomate cherry, surtido de lechugas y aceite de oliva virgen extra de la Cooperativa de la Barona. Alrededor, una sabrosa albóndiga de ternera con aceite de sésamo, soja y jengibre escarchado, abajo a la derecha un impecable Nasu no Nibitashi (berenjena japonesa asada y marinada en soja, mirin y sake). El juego consiste en probarlo por separado y luego unificar los ingredientes en el bol de la ensalada para lograr un plato redondo. Qué barbaridad de combinaciones posibles a cual mejor.

"Falso" arroz de bacalao (Homenaje al Pad Thai). El plato principal de la jornada hace un guiño a los arroces de la Comunidad Valenciana pero sustituyendo el grano de gramínea por fideos de arroz de Pad Thai. En la base, champiñón portobello laminado y ajetes tiernos que sostienen un lomo de bacalao exquisito perfectamente sellado y flambeado con sake. Se remata, de nuevo, con el excelente hilo de aceite de la Cooperativa de la Barona. Un plato de fusión muy bien integrado. Las lascas del pescado hablan por sí solas.

Sorbete de lima y jengibre con fresas estofadas. El postre ideal tras un menú de estas características. Ligero, fresco y sumamente digestivo. El helado combina de maravilla con unas fresas de temporada estofadas con pimienta rosa y una tierra crujiente de galleta de canela. Primero por separado, y luego en conjunto, ofrece una armonía impecable de notas dulces, ácidas y picantes.
Comer en compañía es uno de los mejores actos sociales de esta vida, sobre todo cuando es con tu pareja, pero hacerlo en solitario es un placer que permite concentrar todos los sentidos en lo que ocurre en el plato, y en Le Bistró es una experiencia muy disfrutable.

El menú degustación que da vida a este desfile de platos se llama "Menú Viajero" y tiene un precio de 47,50 €. Un coste más que ajustado para la cantidad de pases, la complejidad de las técnicas y la calidad de la materia prima exhibida. La botella de cava Brut 21 tuvo un coste de 33,00 €, (25 € en la bodega) un precio honesto para este espumoso ecológico de Albet i Noya que redondeó la noche. El importe total de la factura ascendió a 82,25 €. Un homenaje que deberías permitirte de vez en cuando.
Le Bistró Gastronómico ofrece una propuesta atrevida y muy bien ejecutada en Castelló. Su cocina viaja con sentido por el recetario asiático y americano, pero se asienta con inteligencia sobre el producto de proximidad de la provincia. Una dirección muy a tener en cuenta para los amantes de la cocina de fusión bien entendida.
Una grandísima relación calidad-precio para un menú largo, divertido y lleno de matices en pleno centro de Castelló. Le Bistró demuestra que se puede hacer alta cocina de fusión con los pies en la tierra y el bolsillo del comensal en mente. Volveremos.