
En la Plaza de San Marcelo, frente a la Casa Botines y el antiguo Ayuntamiento, Marcela Brasa y Vinos se consolida como uno de los destinos dinámicos y seductores del panorama gastronómico leonés. Bajo la dirección del chef Juan Ordás, el restaurante practica un culto al producto de mercado, donde las carnes maduradas y los pescados procedentes de las lonjas cantábricas adquieren una dimensión especial al pasar por la precisión de su parrilla. Sin embargo, en la temporada de invierno, la cocina hace un hueco a la tradición sirviendo un cocido leonés antológico, caracterizado por un reconfortante caldo desgrasado, legumbres maravillosas y el conjunto clásico de sus chacinas locales. La experiencia en mesa alta en la planta baja, en la amplia terraza de la plaza o en su sofisticado comedor superior se completa gracias al buen hacer del sumiller Dani Giganto, quien custodia una bodega deslumbrante y monumental. Con más de mil referencias seleccionadas, la carta tiene hasta 26 páginas, y una amplísima oferta por copas, Giganto recopila armonías vinícolas que van desde pequeños viticultores de la DO León o el Bierzo hasta las grandes etiquetas mundiales, redondeando así una parada obligatoria en la capital de la cecina.

Al producto tradicional se le da un toque creativo y como resultado se obtienen platos muy interesantes y si cabe más apetitosos. Es el caso del picadillo, que en El Bierzo es la masa de carne de cerdo fresca y adobada con la que tradicionalmente se hacen los chorizos, antes de ser embutida. Se elabora con magro y tocino, sazonado con pimentón, ajo y sal. Aquí la presentaron con huevos rotos. Exquisito.

El rapito negro (o rape negro, Lophius budegassa) es un pescado blanco de alta calidad muy apreciado por su carne firme, jugosa y de sabor intenso. Es una variedad de menor tamaño que el rape blanco. Mantiene su jugosidad en la cocción mucho mejor que el rape blanco. Los lomos limpios a la brasa con ajos tiernos quedan espectaculares.

Los jueves hay cocido leonés y no era cuestión de desaprovechar la ocasión. Lo sirven en tres vuelcos, el primero es una sopa de fideos desgrasada que resulta muy reconfortante, a pesar de que el frío ya iba dejando paso a temperaturas más confortables.

En el segundo vuelco se presentan las legumbre, que están en un punto de cocción muy tierno, junto con el repollo y los tubérculos. Esto que ves es la ración para una persona. Imaginate el disfrute.

En el último vuelco llegan las carnes. Morcilla de León sin embutir, pelota, carnes de cerdo, chorizo y tocino. Un festival carnívoro que sacia absolutamente y se disfruta.

El menú del cocido lleva incorporado el postre, que eran estas natillas, ración generosa y de buen sabor. No nos cabía nada más.

En el poco tiempo que llevábamos en León ya habíamos tenido ocasión de descubrir el excelente y versátil vino rosado que se elabora con la variedad Prieto Picudo y en este templo del vino nos pareció que era el lugar ideal para disfrutarlo con plenas garantías, como así resulto. Nos recomendaron este Valjunco del 2025