Cuando las viñas de más de un siglo se alían con la rebeldía de Oxer Bastegieta, el resultado es un tinto emocionante que rompe esquemas y se convierte en el rey de la mesa

Hay locales que nacen con el don de la sorpresa. Uno coge el coche desde València, recorre apenas unos treinta y cinco kilómetros con la expectativa de encontrar el clásico bar de pueblo, y de repente se topa con un templo del buen comer como es El Galliner en Faura. Allí, donde Javi Ríos maneja los fogones con un desparpajo estimulante, custodian una de esas cartas de vinos capaces de hacer salivar al enófilo más inquieto. Entre sus joyas escondidas nos topamos con este Suzzane 2023, una etiqueta que ya desde el nombre —un guiño explícito a la célebre canción de Leonard Cohen— avisa de que no estamos ante un Rioja al uso.

Mientras dábamos cuenta de sus celebrados platos al centro para compartir, descorchamos esta botella con la curiosidad de quien sabe que está a punto de probar algo fuera de lo común. Qué acierto. Fue abrirlo y darnos cuenta de que la Garnacha, cuando se mima desde el respeto absoluto a la tierra y desprovista de maquillajes industriales, es capaz de ofrecer una finura y una energía que te atrapan desde el primer trago. Una de esas botellas que justifican el viaje y que transforman un buen almuerzo entre amigos en una jornada memorable.

Un tinto de una finura excelsa. En nariz es un festival de violetas, fruta roja silvestre y toques sutiles de cacao y canela. En boca entra sedoso, fresco, con una acidez crujiente y unos taninos seductores que te obligan a salivar y a buscar la complicidad del siguiente trago. Jugoso, largo y con una clase tremenda.
Si os cruzáis con él en una carta, ni lo dudéis. Una joya disfrutona con 93+ puntos Parker que merece dedicarle unos momentos enófilos.