
Hay días en los que uno acude a un restaurante esperando una buena comida y sale con un idilio enológico metido en la cabeza. Eso me ocurrió en mi última visita a Anhelo, en Castellón de la Plana, donde el chef Cristian Granero juega a trasladar la precisión de la pastelería al territorio de los platos salados. Entre masas sutiles y juegos térmicos, llegó a la mesa una botella que rompe esquemas. Se trataba de Le Blanc 2023, una criatura de Olivier Rivière, ese enólogo francés que llegó a España para demostrar que la Rioja se puede interpretar con la finura de un Borgoña. Este blanco no busca epatar al personal con maderas pesadas ni artificios barrocos, es pura frescura fluida, un trago con nervio y una tensión mineral que te agarra el paladar y no te suelta. Si eres de los que piensan que los blancos riojanos son aburridos o predecibles, este vino te va a desmontar esos prejuicios desde el primer sorbo.

Le Blanc de Olivier Rivière es un magnífico ejemplo de hacia dónde caminan los nuevos vinos blancos de la Rioja. Rompe el viejo mito de que la Viura es una variedad plana. Aquí, gracias a la altitud del viñedo y al aporte glicérico de las lías, se transforma en un vino complejo, afilado y con muchísima personalidad. Destaca por no cansar jamás el paladar gracias a un juego fantástico entre la cremosidad de su textura y un perfil frutal muy nítido. Un blanco de perfil cosmopolita, idóneo tanto para copear entre amigos como para escoltar pescados grasos, arroces marineros o las imaginativas propuestas saladas de un menú de autor.