Un blanco de la añada 2006 nacido de cenizas volcánicas que mantiene una juventud inusual, uniendo tipicidad, frescura y complejidad tras permanecer casi una década esperando en bodega y otro tanto en la botella.

Hay días en los que uno sale a comer por València buscando sorpresas y la fortuna te sonríe de golpe. Sucedió en el restaurante De Contrabando, ese rincón de Ruzafa donde Pedro López agita el panorama con su cocina viajera y producto canario bien entendido. Al preguntar por los vinos me sugirió esta joya, una botella que es pura arqueología vinícola. Un blanco de 2006 procedente de una isla canaria. Un vino que desafía cualquier lógica del envejecimiento y que obliga a replantearse muchas cosas. Si tienes la oportunidad de cruzarse con él, no lo dudes, cógelo y déjate llevar.

Nos encontramos ante un blanco excepcional que demuestra que la paciencia es la mayor virtud en la enología. Los Tabaqueros 2006 es un vino complejo, estructurado y provisto de una buena acidez que actúa como un conservante natural perfecto. Ofrece un equilibrio soberbio entre las notas golosas de la Malvasía o el Sabro y el perfil afilado del Listán y el Vijariego blanco. Ha perdido la timidez de la juventud para ganar una profundidad mineral memorable, convirtiéndose en un vino de culto idóneo para acompañar platos de cocina fusión potentes o pescados grasos a la brasa.
Se trata de un vino exclusivo, ya que la añada 2006 fue la única que se embotelló sin mezclar con otras uvas de diferentes cosechas. Después de esta las demás han salido con coupages de varios años, tanto anteriores como posteriores. Por tanto, la añada de la etiqueta que tomé en De Contrabando es una joya irrepetible, el último vestigio de cuando Los Tabaqueros era un "Single Vintage" puro.