San Román 2022 demuestra que la potencia del terruño zamorano no está reñida con la elegancia líquida más placentera

Hay sitios donde uno se sienta a la mesa sabiendo que va a alcanzar la gloria culinaria. Una de ellas es el Asador Casa Mariano en Zamora, un templo de cocina con memoria donde el lechazo asado con leña de encina marca las reglas del juego. El desafío allí siempre es encontrar un compañero de viaje líquido que sostenga el pulso de la grasa y el crujiente de la carne sin avasallar el paladar. En mi visita me decanté por descorchar San Román 2022, una etiqueta que ya es un clásico contemporáneo de la D.O. Toro. Tenía mis dudas de si la juventud de esta añada saldría respondona, pero el milagro que Mariano García y sus hijos, Eduardo y Alberto, obran en esta casa volvió a manifestarse: una concentración brutal, de esas que tiñen la copa con una densidad imponente, pero que viaja escoltada por una frescura y una finura tan insólitas que el trago fluye solo. Es pura raza toresana despojada de cualquier arista rústica, un tinto que te pide volver a rellenar la copa una y otra vez mientras desmenuzas los sabores auténticos de la tierra castellana. Si quieres entender hacia dónde va el vino moderno sin perder las raíces, busca una botella de estas.

Olvídate de los tintos toresanos rústicos de antaño. Esto es pura raza: fruta negra madura concentrada, notas de regaliz y cacao, y un fondo mineral profundo arropado por dos años de roble selecto. En la boca es opulento y con garra, pero viaja con unos taninos tan pulidos y una frescura tan viva que la copa se vacía sin darte cuenta. El aliado soñado para un buen lechazo al horno de leña. ¡Un tinto disfrutón y con una clase tremenda!