El corte del cigarro puro

por paco
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Después de la elección del cigarro que nos apetece fumar, según las circunstancias que valoramos en la anterior entrada, ya tenemos nuestro cigarro en la mano y procederá comenzar a su preparación para poder fumarlo. El primer paso es practicarle el corte de la perilla antes del encendido. Hay quien sostiene que el encendido debe ser previo al corte, pero esto es aconsejable únicamente en los casos en que un sumiller sea el encargado de esta función, ya que obviamente la aspiración del cigarro corre exclusivamente de nuestra cuenta y él realizará el corte en el último momento tras el cual nos hará entrega del puro. Ahora, con la entrada en vigor de la nueva ley del tabaco, resulta imposible que un sumiller encienda un puro a un cliente.

bolivar

¿En qué radica la importancia del corte? Un corte adecuado es fundamental para el buen desarrollo de la fumada. Pensemos que el puro es un tubo de aspiración, relleno de unas hojas aromáticas que forman canales por los que va a circular el humo. Si el corte de la perilla es muy pequeño esto supone que la capacidad de extracción de humo se verá limitada por la circunferencia del corte, provocando en la salida una concentración de alquitranes y nicotina. Pero la solución no es hacer un corte grande, ya que también tiene sus inconvenientes. Un corte grande, de circunferencia ancha, hace que el tiro del puro sea excesivo, que nos llegue el humo muy caliente a la boca con pérdida de sabores y que el puro se consuma más rápidamente. Además si cortamos muy abajo el puro puede llegar a deshacerse, al haber perdido la capa la sujeción de la base de la perilla.

capote

Por tanto el corte debe hacerse dentro del espacio cubierto por la perilla, que es ese trozo de tabaco con forma semiesférica que cierra el extremo superior del puro.

piramide

En los formatos tipo pirámides (figurados) el corte se hará aproximadamente a unos tres milímetros del extremo del puro, buscando conseguir una circunferencia que nos permita una aspiración a nuestro gusto, siempre teniendo en cuenta las consideraciones hechas en el caso de los formatos parejos, que son los de lados paralelos y perilla en el extremo (los más habituales).

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También nos podemos encontrar con acabados en forma de "rabo de cerdo" que es un retorcido que se le hace al extremo de la perilla para rematar el cierre. No tiene ningún efecto especial sobre la fumada, es meramente decorativo. Hemos de desterrar muchas de las costumbres aberrantes que han proliferado durante años para la apertura de los puros. La primera de ellas es la del palillo mondadientes. En contra de lo que veníamos aconsejando el mondadientes hace una perforación fina que crea un canal de tiro muy estrecho y probablemente una compresión de tabaco al final que puede generar un tapón. Tampoco es aconsejable, como se hacía antiguamente, el corte con los dientes, pues en el mejor de los casos y siendo muy habilidosos conseguiremos astillar la cabeza del puro y estar tragando esquirlas de tabaco durante toda la fumada.

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Existen en el mercado algunos otros instrumentos muy populares pero que se han revelado inadecuados, como es el caso de los instrumentos de corte en v, ya que producen un aplastamiento del tabaco, si el puro está en buenas condiciones de humedad, y a veces llegan a agrietar la cabeza, cuando el puro está seco.

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Los cortapuros de corte circular, que simulan la forma de una bala, suelen dejar un corte reducido, debido al calibre limitado de la “bala”, lo que nos provocará un tiro escaso e incómodo.

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Los más adecuados son los instrumentos de corte tipo guillotina, a ser posible de doble hoja, en los que el resultado obtenido es el más limpio de todos.

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También son adecuadas las tijeras especiales cortaperillas o las guillotinas de una sola hoja.

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En resumen: 1. El corte ha de ser preciso, para que resulte limpio. Lo que requiere una herramienta adecuada 2. Ha de ser lo bastante amplio para que el cigarro tenga el tiro adecuado. 3. El tamaño del corte debe ser proporcional a las dimensiones del puro. El corte correcto ha de ser un poco más pequeño que el diámetro del cigarro. 4. Debe preservar la estructura del cigarro. Si cortamos por debajo de la perilla la capa del puro se desenrollará y resultará infumable.

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